sábado, 18 de septiembre de 2010

Semana Europea de la Movilidad

Como muchos de vosotros sabréis, desde que compramos las Dahon (hace casi tres años) la he utilizado a diario como mi medio de transporte para ir al trabajo, bueno, salvo los días de lluvia que prefiero caminar con el paraguas. Ha habido días fríos, hasta -10ºC, días de calor, y días de viento, los más duros sin duda alguna, pero he disfrutado con mi bici.

Hace unos días nos han cambiado la ubicación de la oficina, y he pasado de trabajar en la ciudad, a trabajar en "el más allá". Si antes en unos diez minutos recorría el par de kilómetros que separaban la oficina del hogar, ahora tengo el trabajo más de seis kilómetros, y en el extrarradio. Cuando nos informaron del cambio, lo peor para mi fue intuir que tendría que dejar la bici. Con la alternativa del autobús, tenía dos opciones: una línea y 23 paradas, o dos líneas con un transbordo y una de ellas con una frecuencia de cada media hora; ambas implican casi una hora de ida y otra de vuelta. La otra alternativa es el coche... y esa es mala para mi salud física, mala para mi salud mental, y va contra mis principios, pero hace que cada desplazamiento me suponga unos veinticinco minutos. Con todo el dolor de mi corazón, quienes me conocen bien lo saben, me he rendido al coche, y no me siento orgulloso por ello.

Hace unos días paseaba -cabizmundo y meditabajo- con Olga, que ya tiene año y medio, y no se le escapa una bici (da un brinco, la señala con el dedo, me mira, y me grita "aizsi"). Tal era mi tristeza que entré en una tienda de juguetes buscando un Playmobil ciclista para Olga; no lo encontré. Pero empecé a maquinar como podría ir en bici al trabajo. Cuando fuimos a recoger a Cris, le conté la idea, y lejos de quitarme la idea de la cabeza, me apoyó. Imagino que notó mi necesidad.

Así pues, preparé todo lo necesario, y a la mañana siguiente, con la B'Twin 7 de Cris, me fui al trabajo. Tardé una media hora, sudé un poco por haber elegido mal la ropa, y llegué un poco cansado, pero eufórico. La vuelta se me hizo un poco más larga y dura, porque no siempre se puede ir y venir por la misma ruta, ni el trafico te lo permite a diferentes horas, pero será cuestión de estudiarlo mejor. Soy consciente de que no podré hacerlo a diario, pero si pudiera hacerlo una vez a la semana, me aliviaría la espera durante estos seis meses que trabajaré el "el más allá".

Esta entrada, ha sido mi manera de celebrar la Semana Europea de la Movilidad.

Esta tarde, mientras veíamos la vuelta ciclista, con la famosa subida a la Bola del Mundo, Olga seguía diciendo "aizsi" como una loquilla y nos enterábamos que Irene con 1.985 Kg, decidía adelantar su llegada un mes, bienvenida, y felicidades a sus papás.

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