lunes, 4 de agosto de 2008

Alpes VI: Valle de las Maravillas

DÍA 7: Sáb 05/07. Por fin, el tobillo de Cris recuperó algo sus formas, así que nos fuimos a hacer una excursión, la del Valle de las Maravillas, dentro del Parque Nacional de Mercantour.

Se le llama así fundamentalmente por su altitud (de 2.100 a 2500 m) y porque en ella se pueden ver piedras con grabados prehistóricos, en concreto de la Edad de Bronce. Están fundamentalmente al final de la excursión, entorno al Mont Bego y dicen que hay unos 40.000 (el mayor conjunto a cielo abierto).

Lógicamente no se ven tantas, a veces era difícil distinguirlas del resto de marcas de la roca, de los grabados que hacían los pastores en el siglo XIX o de los propios vándalos, pero impresiona imaginarse los miles de años bajo nieve, sol, viento... que han pasado ahí esos dibujos.

Sobre todo grababan animales como toros (fig.1) , personas como el "jefe de la tribu" y armas o puñales (fig.2) , el Cristo (fig. 3),...



El brujo (Le sorcier) es la figura más emblemática del parque y que está por todos los sitios pero fue el único que no pudimos ver por estar especialmente protegido contra los indeseables.

La excursión fue preciosa, pero el palizón considerable. Dejamos el coche en el Lac Des Mesches a 1400 m de altitud y estuvimos caminando y subiendo por un paisaje alpino precioso (parecido en ocasiones a Aigüestortes) entre neveros y lagos como los Lac Long. Hasta aquí tardamos unas 3 horas, pero luego hasta donde se podían ver los grabados, otras 2 más, también de subida, hasta los 2250 metros del Lac des Conques. En total, ascendimos unos 850 metros.

La vuelta fue dura, ya no pensábamos con claridad las decisiones que tomábamos y hubo un punto donde podíamos continuar por la pista (por la que iban los 4x4 que hacían parte de la excursión) o por un sendero. Nos pareció mejor idea lo segundo, así evitábamos andar entre coches que hace que pierda encanto el paseo, pero ahí comenzó la cagada. (Ah, aquí fue cuando "Arturi" pasó y nos cantó el "que viva l'Espagna"). Íbamos muy cansados, y no fue un atajo, (de hecho creo que tardamos bastante más que por la pista). Además, el sendero se diluyó entre las plantas y Cris se metió por un ortigal (como se ve iba en pantalón corto). Tranquilos, por la noche ya no le quedaban marcas.

Aun así, todo mereció la pena, vimos unos bichitos casi metálicos preciosos y la Sra. Pelucas nos estaba esperando a la llegada con la merienda... y alguna cosa más que ya contaremos en otra entrada.

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