domingo, 31 de agosto de 2008

Alpes IX: Chamonix - Mont Blanc

DÍA 11: Mié 09/07. Tras la segunda noche de frío polar (y eso que hizo mejor), continuamos nuestro viaje rumbo norte, hacia Chamonix. Para ello tuvimos que pasar por el "Col du Galibier", nada menos que 2645 metros, y ver su plaga de esforzados cliclistas. Desde allí pudimos contemplar por primera vez, en la lejanía, la cima nevada del Mont Blanc con sus 4810 metros.

A nuestra llegada el día estaba increíblemente despejado lo que nos dejaba ver perfectamente el Mont Blanc, "L'Aiguille du Midi", y los dos glaciares bajo el los que estábamos (el del Mont Blanc y el des Bossons). Como no podía se de otro modo, el camping se llamaba "les deux glaciers". Hacía mucho calor, así que apenas acabamos de montar la tienda, como Chamonix no parecía lejano, nos montamos el las Dahon, y nos fuimos de "expedición".

Tras los días de montaña, las Dahon volvieron a salir a pasear para hacer las rutas del camping a Chamonix, donde descubrimos una prolongación del maremágnum de tiendas Andorra. A falta de la "patisserie-boulangerie" de la Señora Pelucas, disfrutamos de los helados: "deux glasses avec deux parfums"; tal que así pedíamos para los inmensos helados. Aquí era donde más españoles había y reconocías al hablar por la calle; hasta aquí, apenas vimos alguno. También aquí, la oficina de turismo era de otro nivel: te atendían en español, tenían wifi gratuito, ponían unas tumbonas en la calle...


DÍA 12: Jue 10/07. Día soleado, tras una noche estupenda, y un despertar no menos estupendo: los pitidos de la furgoneta de Monsieur le Boularger, que nos traía el desayuno... ¡qué ricos croissants!

Nos dirigimos al pueblo de Le Lavancher para ir a ver "La Mer de Glace", desde el chalet de Chapeau. Aclaro el concepto de chalet de la zona: se trata de casas en medio de la montaña donde sirven comidas y bebidas. Al principio nos sentimos decepcionados porque no se parecía a los glaciares que habíamos visto hasta el momento y pensábamos que era mucho mayor, pero finalmente nos dimos cuenta que, lo que parecía roca, era el hielo aunque ensuciado pora el material que había erosionado. Era inmenso y espectacular, con zonas azuladas como los demás, y sí, muy grande, aunque, a juzgar por las fotos antiguas que vimos, el cambio climático parece que hace de las suyas.

Por la tarde, volvimos a Chamonix con las bicis, y a la vuelta pudimos disfrutar el Mont Blanc con luz de atardecer.


DÍA 13: Vie 11/07. Esta mañana amaneció lloviendo. Así que nos fuimos con el coche hasta el lago les Gaillands, para leer hasta que cesara la lluvia. Cuando dejó de llover, paseamos por el bosque que rodea al lago, y estuvimos viendo a los escaladores practicar en la pared. Allí se congregaban a diario decenas de escaladores y aprendices.

Después, como salio el sol, nos acercamos a Chamonix, esta vez en coche, a comer, pasear, tiendear, y golosear unos heladitos... Pero el sol no duró mucho, y tuvimos que volver al camping a la carrera bajo la lluvia.


DÍA 14: Sáb 12/07. Esta noche la lluvia no fue sólo lluvia, sino una tormenta de rayos y truenos difícil de olvidar. ¡Vaya brincos que daba el colchón con los truenos! Salimos hacia el lago para leer un rato en el coche hasta que parara la lluvia.

Para no mojarnos si la cosa se ponía mala intentamos hacer una ruta corta a la "Cascade du Dard" y el "Glacier des Bossons". Salimos desde Les Pelerins, y nos sorprendió tener que cruzar la carretera (¡¡o autopista!!) que lleva al túnel del Mont Blanc un par de veces. El glaciar, tan bonito y más azul aún que como lo veíamos desde el camping. Al llegar nos encontramos a unos españoles con un mastín enorme, al que llamaban "Gordo". De vuelta, junto al "Chalet Le Cerro", la cascada de Dard, de veinte metros de caída, y con un ruido ensordecedor.

De vuelta volvimos a Chamonix, y una vez más volvimos corriendo bajo la lluvia. Así que esta foto, de los glaciares del Mont Blanc y Bossons, no es de este día...


DÍA 15: Dom 13/07. Una vez más llovía, y había niebla, así que continuamos por la carretera que nos llevaba a Chamonix y paramos en Argentiere, ante el reclamo del mercadillo. Seguimos con el coche por la carretera hasta entrar en Suiza, no sin antes pasar por el Bar de la Poya y el teleférico de La Poya...
Pasamos la frontera Suiza, sorprendidos por no tener que parar en la aduana. Y todo lo que vimos fue, una gasolinera y un supermercado, en los que por supuesto vendían navajas suizas. Volvimos, y paramos en Les Praz, que tenía una iglesia con un parque precioso, y echamos una siesta en el coche tras comer algo.

Después nos fuimos en dirección contraria hasta las "Gorges de la Diosaz" (como los productos del Decathlon). Una vez allí, una vez más llovía, y además había que pagar para verlo; ventajas de dejar que la compañía eléctrica explote un paraje natural. Para desquitarnos, volvimos a Chamonix para tomarnos unos helados ("chocolat et banane flambee, et pomme vert et orange") y comprar el morral verde anémona.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Que fotos tan chulas chicos¡¡¡¡
Me esta dando una envidia verlas que para qué.
Y nosotros piedras y más piedras en Italia. Ya vereis las nuestras...No tienen nada pero nada que ver.
Pi

Oscar dijo...

Anda que un aficionado como tu a las navajas y haber pasado por suiza y no comprar ninguna.. no tiene perdón de Dios.
Saludos

Roberto Santana dijo...

¿De que sabor eran los helados?

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