lunes, 12 de mayo de 2008

Valladolid, ¡cien años atrás!

En esta ocasión las Dahon se han convertido en máquinas del tiempo, pero no hemos llegado a ver a los "Morlock" de "La máquina del tiempo" de H.G. Wells. Sólo hemos pedaleado cien años atrás.

El caso es que estábamos en casa, y vimos en el teléfono un SMS que de las 10:49 que decía "Hay una exposición de bicis antiguas en la Plaza Mayor hoy por la mañana [...]" El caso es que era más de la una de la tarde, y teníamos que ir a comer a casa de mis padres pero... la ocasión merecía el esfuerzo, así que no preparamos a toda velocidad y nos echamos a la calle.

El Paseo Central del Campo Grande ya se veía más poblado de lo habitual, pero al llegar a la calle Santiago, tuvimos que llevar las bicis de la mano, y aún así no era fácil avanzar. Oímos un silbato, y vimos un par de policías, con vestimentas de hace un siglo, gritando: "¡Paso al Rey!", y allí estaban Alfonso XIII y Victoria Eugenia posando para los viandantes. Poco más adelante, al lado del edificio de la Unión y el Fénix, nos encontramos a un enorme ciclista greñudo que con su bicicleta -de estas que llevaban el eje pedalier solidario con la gran rueda delantera- de la mano, y un maletín de cuero de la otra, anunciaba milagrosas lociones crecepelo.

Ya en la Plaza Mayor, comenzamos a buscar las bicicletas antiguas, y encontramos algún ciclo -que no biciclo- más: un gran triciclo en el que una elegante señora con parasol paseaba con un niño. Poco después, la atracción principal: un monocliclo de lo más peculiar, formado por una enorme rueda en cuyo interior se sentaba el ciclísta y pedaleaba así circunscrito... tan ingenioso como extraño, pero el caso es que lo vimos dando vueltas por la Plaza Mayor. No parecía lo más práctico ni manejable, pero si duda era espectacular.

Poco después nos volvimos a encontrar con el hombre de los crecepelos, que se acercó para decirnos "¿no tendréis una bomba?", "¿en serio?" le dije yo, "sí, sí, que no puedo montarme". ¡Claro, por eso le vimos antes con la bici de la mano! Así pues saqué la tija del sillín para darle aire a las rueda, y en esto nos vimos rodeados por el tumulto que acompañaba al Rey. El vendedor de crecepelos arrodillado saludando al Rey, yo en medio con el sillín de la mano, y Victoria Eugénia de Battemberg preguntándome con su acento escocés que si mi nuestros vehículos eran de París.

Por suerte, a duras penas entre la presión del gentío, Cris consiguió hacer alguna foto para que no penséis que todo esto es producto de mi febril imaginación.

Gracias a "Pi" por tan fructífero SMS... ;-)
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