lunes, 5 de mayo de 2008

Ojo Guareña

Este pasado fin de semana, aconsejados por una revista de turismo de la Diputación de Burgos, nos fuimos a Ojo Guareña, en el norte de la provincia, lindando con Cantabria. Se trata de un conjunto kárstico, declarado Monumento Natural, y se le considera entre los diez mayores del mundo.

Salimos pronto de casa, antes de las ocho de la mañana, porque el destino no estaba demasiado cerca. Una vez pasado Burgos, optamos por la CL-629, que no era la opción preferida del navegador en su obsesión por buscar vías rápidas, pero la elección no defraudó: es una de esas que yo califico como "carreteras con encanto". Los colores iban mezclándose: el rojo ferroso de la tierra, la pálida roca, los verdes intensos del cereal joven y los verdes pardos de las encinas. El primer atisbo de lo que veríamos en Ojo Guareña lo encontramos en Peñahoradada, topónimo descriptivo donde los haya. Más adelante, quedamos impresionados por el valle de Valdivielso, donde nos encontramos por primera vez con el Ebro.

Por fin llegamos al destino, y lo primero fue parar para ver la Ermita de San Bernabé. Previo pago de tres euros y medio por cabeza, y la advertencia de que la temperatura de la cueva se mantenía entre 11 y 13ºC todo el año, entramos a la gruta. Lo primero que nos encontramos fue una pantalla gigante donde un hombre del medievo nos hablaba de la historia de la cueva, y de su agua milagrosa (sobre todo para los ojos, así que cumplimos con la tradición de darlos un remojón con lo que escurría por la gruta). A continuación un guía nos acompañó en la penumbra en un breve recorrido por la gruta, donde nos habló de sus descomunales dimensiones, con múltiples niveles, y de sus antiguos usos. Es especialmente interesante como antiguamente hacían agujeros en el suelo, después hacían fuego dentro para cocer el barro de sus paredes, y lo utilizaban como almacén para el grano tapándolo con una losa de piedra que sellaban con barro. Por fin terminamos en la Ermita de San Bernabé, donde se representan los martirios de San Tirso, ya sabéis, el tipo de "carnicerías" que gustaban en la época.

Después bajamos a ver Ojo -o sumidero- del río Guareña, que da nombre al monumento, y el causante de toda la inmensa red de galerías. En esta época el río no lleva demasiada agua, pero aún así es fácil sorprenderse al ver como un río desaparece de repente. Desafortunadamente no está permitido acercarse al sumidero, ya que la tratarse de una zona húmeda es muy resbaladiza, pero siempre hay algún "osado concursante" dispuesto a explorar sus propios límites...

Nos acercamos a la Casa del Monumento, el equivalente de las Casas del Parque, donde ,como es habitual, encontramos audiovisuales, maquetas, y explicaciones. También los mapas de unas rutas para dar unos paseos de unas horas, pero no estábamos demasiado receptivos: era mediodía, el sol apretaba bastante y los árboles aún no tenían demasiadas hojas, así que en esta ocasión buscamos algo más fácil de sobrellevar. Allí mismo encontramos otro paseo cortito que llevaba a un antiguo vivero forestal. Este sí tenía buena sombra para pasear, y una buena cantidad de árboles identificados, cosa que me suele gustar bastante. Parece ser que se trataba del vivero de los años cincuenta que se usaba para repoblar los montes de la zona, y que fue desplazado por los viveros de alta producción para convertirse en un arboreto.

Después de tomarnos unos suculentos bocadillos, condujimos hacia Villabascones, para ver la Cascada de las Pisas. Según el folleto que teníamos, el sendero estaba perfectamente señalizado y salía de la iglesia del pueblo. Como no veíamos señalización alguna nos dejamos guiar por el sentido común, y caminamos hacia donde nos dio a entender. Afortunadamente nos cruzamos con una lugareña, a la que preguntamos, y nos informó que la Cascada de las Pisas estaba en Villabascones de Bezana, y que nosotros estabamos en Villabascones de la Merindad de Sotoscueva, pero que por el camino que íbamos había unas tumbas antropomórficas. Dudamos un instante y como de lo que se trataba era de dar un paseo, y con la sequía las cascadas estarían bastantes tristes, continuamos por el sendero. No llegamos a las tumbas, pero el paseo por el bosque con un arroyo al lado, sin duda mereció la pena.

El siguiente destino era Puentedey y la causa una foto que vimos. Seguimos el curso del río Nela, y cuando llegamos quedamos impresionados por la magnitud. Se trata de un pueblo construido sobre un puente natural excavado por el río en una inmensa roca caliza. Tan grande era, que bajo el puente no sólo cabía el río sino también una playa: la primera playa que hemos visto a la sombra.

Para saltar de la N-232 a la N-623 tomamos un atajo, esta vez recomendado por el navegador, y esta vez fue él quien nos llevó por una "carretera con encanto". El encanto era tal que no tenía línea pintada alguna, y la anchura apenas llegaba a los tres metros. Afortunadamente no nos cruzamos con nadie, porque hubiéramos tenido que echarnos a la cuneta. Pero el paisaje... En una ocasión me contó un antiguo compañero trabajo que cuando él era joven -llevará más de un lustro jubilado- un jefe suyo acostumbraba a llevarle a comer a Paradores, pero siempre el bocadillo que llevaban preparado, y cuando este se quejaba de la comida, su jefe le decía "Jaime, ¿pero y el marco incomparable?"

Por último, Pili y David nos habían recomendado Orbaneja del Castillo, y si nos impresionó Puentedey, Orbaneja nos dejó sin palabras. En realidad no sé como describirlo en justicia. Puedo contar que está rodeado por los riscos que ha dejado el cañón del Ebro, y que la erosión ha rodeado al pueblo de almenas naturales. También puedo decir que el pueblo discurre a lo largo de una cascada, cuya fuente origen es una cueva, y que termina en una sucesión de piscinas naturales que le llevan hacia el río. En realidad, todo lo que diga es poco, así que si tenéis ocasión, visitadlo y juzgad por vosotros mismos.

Ni que decir tiene que cuando ese día llegamos a casa, a casi las once de la noche (y tras una parada en Decathlon Burgos), y con unos quinientos kilómetros de coche -a un promedio de 60 Km/h según decía el coche-, estábamos físicamente agotados, pero eso era lo de menos. Las Dahon no nos acompañaron en esta ocasión, pero no tardando recibirán su justa compensación. Y para que se luzcan aprovechando fechas pasadas, ahí están posando en la Feria del Libro.



5 comentarios:

Roberto Santana dijo...

Impresionante el sitio, ¡tengo que ir!

fernandonajera dijo...

Cómo me alegro de que seáis capaces de disfrutar de las pequeñas cosas / detalles... a veces es tan difícil...

Matikius dijo...

(el de Pili) Nos alegramos de que el consejo os haya gustado. Nosotros tenemos que volver porque cuando fuimos no era epoca de agua y la cascada de Orbaneja era menos impresionante de lo que vuestra foto refleja. Por cierto, si no lo habeis visto, id al Monte Santiago que es espectacular y también está por la Zona.

Alberto dijo...

Me alegro mucho de que alguien os hubiera recomendado Orbaneja del Castillo. Es realmente precioso. Toda la zona está plagada de maravillas naturales por allí, en el valle del Rudrón y los cañones del Ebro.

Isra dijo...

En Noviembre estuve en una casa rural a 1Km de las cuevas. La verdad es que merece la pena la zona, la sima, etc...
Muy interesante también pasar a Cantabria e intentar ver las cuevas con pinturas paleolíticas (Covalanas en particular).

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